19 de abril de 2009
Si.
Si lo asaltan en la puerta de su casa o entrando a ella, si lo agreden por un par de monedas, si le disparan a quemarropa en la cara porque otro ser humano lo consideró divertido, si lo secuestran para pedir rescates irrisorios, si lo lastiman, si lo extorsionan, si abusan de usted sexualmente o de su hija o sobrina cuando vuelve del trabajo o de su escuela, si a punta de pistola someten a su familia a vejaciones, o si cometen el ínfimo detalle de quitarle la vida....
la culpa es suya por someterse a meras "sensaciones", sépalo.
Pero si usted -además- trabaja en Medios de Comunicación, pues es hora que sepa que como Profesional usted es el verdadero responsable intelectual de dichos actos delictivos y contrarios a las buenas costumbres.
Así lo expresa el Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Raúl Zaffaroni, quien en una entrevista brindada el viernes pasado en la ciudad de Rosario condenó nuevamente (el año pasado lo hizo a través de Crítica Digital y de Perfil) a los Medios de Comunicación por "imprudencia" en su labor periodística.
"Hablar de la inseguridad incita a la violencia" habría dicho el Jurista en conversación con el diario rosarino La Capital.
Si analizáramos su frase por analogía de la argumentación entonces su razonamiento sería equivalente a admitir que hablar de sexo conllevaría a... embarazos no deseados, por ejemplo.
Es que según el juicioso criterio del Ministro, los periodistas y los distintos Medios de Comunicación a través del tratamiento de la información que cotidianamente trasmiten "incitan a la violencia y hacen crecer la sensación de inseguridad más alla de límites razonables".
Según su entender, entonces, la violencia se perpetuaría y se perfeccionaría por la difusión mediática de la misma.
En otras palabras: la violencia real no sería tal sino sólo el producto de una construcción y reproducción automatizada de un perfecto sistema de Telecomunicaciones.
Ahá...
Cuidadoso de no separar la"inseguridad" de su leal acompañante- "sensación", Zaffaroni se pronunció a lo largo de toda su argumentación en contra del espectáculo de la violencia, extendió culpas y responsabilizó a la Policía por malos procedimientos o anulaciones de pruebas, culpó a los Políticos por decir sólo lo que "la gente quiere oír", recurrió a la justificación histórica de la exclusión, marginación y diferencias sociales que trajo consigo los años noventa, rozó la polémica idea que la víctima sería el victimario pero curiosamente,
NO ofreció una mirada analítica y retrospectiva hacia el Poder al cual pertenece. Resulta llamativo por lo menos, ya que la esfera Judicial es una de los principales artífices a la hora de abordar la problemática de la inseguridad.
En resúmen podríamos decir que no fue responsable, podríamos decir que no fue una disertación digna de ser recordada en la historia Jurídica de la Argentina, podríamos hasta afirmar que sus discursos no gozan de la originalidad ni de la gracia verborrágica, pero no podremos decir que el Ministro no es valiente:
"Nuestra ley dice que cuando los menores tienen problemas de conducta deben ser institucionalizados. Ahora yo me pregunto: ¿quién de nosotros no tiene problemas de conducta? Depende de la hora del día en que nos pesquen. ¿No le parece?".
Eugenio Zaffaroni. 12/04/09 Perfil.com




24 remontaron vuelo conmigo..:
La culpa de todo la tiene el Mario Bros, que incita a pisar hongos como metáfora del profesional de clase media alta que pisa la cabeza de los negros ídem, que sólo quieren impedir que el héroe capitalista rescate a la princesa atrapada por el dragón consumista en el castillo de nuestras propias represiones originadas en el sádico devenir del capitalismo salvaje.
Y ni hablar del Pacman, que incita al consumo de pastillas cuando te persiguen los fantasmas.
Si.
Son los video juegos.
Generan violencia.
Zaffaroni es un hombre polémico. En lo personal no me gusta para nada, porque creo que dice muchas pavadas solo para hecerse notar. De contreras que es, nomás. Eso, si hablamos de fútbol, queda simpático. En el café. Con amigos.
En cuestiones de Estado es, como mínimo, irresponsable.
Un saludo.
Me quedo con la última frase, a mí, si me agarrás a la mañana, tengo ganas de matar a una familia de 6 integrantes ponele. Pero si hablamos a la tarde entonces sí, ahí podemos tomar un cafe con leche.
Está claro que la culpa la tienen las víctimas, esos golpistas que generan que la inseguridad crezca gracias a sus denuncias.
Besos!
Tiene razón Zaffaroni...¿quién no se levantó un día con ganas de salir a la calle a matar gente?. Como diría nuestro amigo Mr. Groncho: "gronchos somos todos...delincuentes, también".
Ahora hablando en serio: excelente post.
Besos Little!!!
Estimada LB:
Seguramente, los medios de (in)comunicación también hayan tergiversado las palabras de Zaffaroni, causando una sensación de "incontinencia jurídico-verbal".
Igualmente, el tipo se las arreglará para que finalmente sus dichos sean publicados junto a su fotografía, dando la sensación de que fueron ciertos.
Saludos sensacionales!
Errante: Indudablemente. Qué barbaridad!. No se olvide de adicionar los discos de Marilyn Manson y de los mensajes diabólicos subliminales en los cassettes de XUXA.
Yoni Bigud: Suscribo. Mínimo.. irresponsable.
Veo que su conectividad nula ha sido superada con éxito!.Tiene buena vista desde su nueva oficina?
Saludos.
LSP: Claro, la gente aburrida a la cual el éxito no la sacia estaría empecinada en conspirar contra toda la buena intención de nuestro tan afable y siempre bien predispuesto Ministro de Justicia quién repite como mantra que la inseguridad es solo una "sensación".
¿Será fanático de Palito Ortega este buen señor?
Fede: Muchas gracias. La entrevista dio mucha tela para cortar, pero no quise desviarme del punto central. Esto es, como son expertos en endilgar culpas al resto sin sentir el más nínimo pudor.
Si uno sigue atentamente el desarrollo de la entrevista, Zaffaroni llega a contradecirse a sí mismo cuando brega por bajar la edad de imputabilidad a 14 años para luego detenerse y admitir que un "niño" de 14 años no estaría capacitado para afrontar un proceso penal...
Creo que le hace falta que alguien lo escuche... sin micrófonos cerca.
Un beso Fede.
AAF:
No se meta con el cuarto poder.
Sólo está al servicio desinteresado de la gente ;)
No excuse a Zaffaroni como si fuese un niñito tonto al que se le olvidó atarse los cordones. Él no lo excusaría a usted...
saludos mediáticos!
Little B.
No tenés que disculparte de nada: es tu opinión y la respeto profundamente, más allá de que concuerde o no.
Lo de cínico, cobade, superficial e indiferente lo hago referido a todos los que quieren soluciones de efecto inmediato.
Como sociedad hemos empollando el huevo de esta serpiente mientras festejábamos el 1 a 1, nos íbamos de shopping y comprabamos un nuevo tele en cuotas...
La familia de Capristo no es culpable de la muerte de su padre... pero COMO SOCIEDAD hemos creado un ambiente que propicia la delincuencia.
No se trata de endurecimiento de penas ni pena de muerte: solo cumplir de una buena vez las leyes que ya están vigentes. Si ni esas sabemos cumplir, vos creés que mejoraremos con un severísimo marco legal? Un delincuente debe pagar por su delito, es muy simple.... pero también debemos aportar para que la delincuencia no crezca.
Aunque parezca utópico, para solucionar el drama de la inseguridad, debemos ser más preventivos y no tanto represivos. Por ende, debmos pensar más a largo plazo y no ser tan ingenuos de que una medida urgente cortará esta enfermedad de raíz.
Espero que tengás un lindo día.
Está lleno de casos de gente asesinada o violada por sujetos que ya habían matado o violado y fueron enviados a reincidir por jueces como este mamarracho. Un poco de honestidad no le vendría mal para reconocer el rol de la Justicia en los casos de violencia reincidente. En cuanto a los medios, esta gente está inmersa en un discurso del poder que entiende que el que impone un discurso dicta la realidad, de ahí que suelan agarrársela con los medios, cuyo supuesto pecado es distanciarse un poco —a veces— del “relato”, la narrativa oficial que esta gente busca imponer a toda la sociedad. En fin, saludos (y veo, por su redacción, que está hecha toda una periodista seria).
Yo?
Si.
Concuerdo con Nippur en que uno con la edad que tiene, vivio la media infancia jugando al Pacman, por lo tanto, si lo traemos a la realidad, uno se pasa el dia perseguido por "fantasmas": inseguridad, falta de plata, sueldos bajos, peligro de muerte en el tren/subte/colectivo/calle, presiones laborales, problemas en la casa... son todos fantasmas...
Y entonces, tomamos una pastillita como el PacMan y ahi nos damos cuenta que los fantasmas son eso: fantasmas. Y hay que salir a correrlos.
Yo, en lo personal, hago exactamente eso: a las 8 de la noche, me tomo una pastillita azul y a la mierda con todo...
Ahora, escribiendo en serio, yo mandaria al juez que viene a decirnos que la culpa es de los medios que hablan de la inseguridad y crean esa sensacion de violencia (y de inseguridad, claro esta), a que hable con los familiares de la ultima victima, ese pobre tipo asesinado por un pendejo de 14 años, porque a lo mejor esta familia tiene la "sensacion" de que le mataron al padre/esposo...
Por ejemplo, yo tuve la "sensacion" de que me robaron 3 veces en mi casa. . . y me dio la "sensacion" de que la policia no pudo hacer nada porque ellos tenian la "sensacion" de que la ley amparaba a los delincuentes hijos de puta. . .
Y aquella chica que fue violada al bajarse de un tren, quizas tuvo la "sensacion" de que la violaron, pobrecita.
Dejemonos de joder. Las leyes apoyan a los asesinos, violadores, ladrones, delincuentes en general. Esto ya es un hecho. No puedo concebir que un tipo que mata a alguien, salga en libertad por "buen comportamiento". . . Solo aca se ven esas cosas. Si mato, hay que matarlo. Si robo, hay que matarlo. Y veremos como despues de la 4ta o 5ta sentencia de pena de muerta, vamos a tener la "sensacion" de vivir un poco mas seguros.
Si. La culpa es mia, claro.
Y hoy estoy negativo, que joder.
Y si me pescan ahora, saldria a darles a los delincuentes, la sensacion de que hay un Gato loco suelto intentando cazarlos y matarlos.
ufffff........
Listo. Ya estoy mejor.
Gracias, Little... besos.
Un gato... falto de sensaciones.
Acá estoy como prometí
No hay nadie que le pague al Sr. Juez una estadía en Ing.Bunge ?? Creo que una semanita viviendo como un "mortal" lo harían cambiar de "relato".
Un saludo
Se tardó unos años en llegar a esto. No tantos. Ahora para volver se van a tardar unos cuantos más. Y eso si es que a alguien se le ocurre de qué manera pegar la vuelta.
Estos desubicados se creen que tienen un título nobiliario, cuando solamente son empleados de nosotros, los ciudadanos.
Hay un grave error de apreciación de todos ellos, que nos miran por encima de los hombros...
Nos tienen a nosotros para poner a prueba sus imbecilidades.
Pretenden convertirse en un dique de contención de la ira de una sociedad, cuando en realidad no es el objeto para el que le pagamos sus interesantes salarios.
Empezando por este tortuoso personaje, y siguiendo por dondes gustes, los tenemos que tener cerca para demostrarles que que están para aplicar la Ley, no ponerse a lanzar monsergas contra la gente harta de tanto desmadre -que es de su propia creación-, sólo de ellos.
Están creídos, que como mínimo son semi-dioses. allí su grave error conceptual.
No debemos aceptar sus dislates intelectuales. Les debemos reclamar que se vayan.
Si no cumplen con tarea, deben desocupar el puesto por no cumplir con la defensa del Bien Común.
Hacen la defensa del bien de los chorros y criminales. Con nuestra plata. Porque los señores chorros no pagan impuestos, vió?.
Tenga cuidado con la humedad de la noche, bella mariposa.
Mario: Estoy de acuerdo con las medidas preventivas, también de acuerdo con hacer cumplir las Leyes ya existentes y que son la risa de los Jueces, Fiscales de turno.
No estoy de acuerdo en socializar ni psicoanalizar a los delincuentes.
Tengo tolerencia cero para ello y lo asumo.
No distingo un miserable que le arranca la vida a otro ser humano, tenga éste 48 o 12 años de edad.
Yo a mis doce años distinguía el bien y el mal. Un pibe de 12 años sabe lo que hace, así como a nuestros 5 años ya sabemos que no debemos cruzar la calle solos, un menor sabe que acribillar a balazos o tajear con una navaja el cuerpo de una persona, está mal.
Si partimos de la génesis del problema, es cierto, algo falla. La estructura familiar ya no es tal. Pero no es culpa de las demás familiar argentinas. Sino de la cúpula del Poder que se beneficia de los ignorantes, o los anesteciados. Las instituciones no sirven, es cierto. Los reformatorios, ni las cárceles- perfectas fábricas de malhechores-.
La solución no va a estar en condenar por un año más o un año menos a un menor, pero, tampoco se puede seguir haciendo la vista gorda, tampoco se los puede seguir dejando "jugar" en su impunidad.
Socializar el crimen?. Perdoname, no puedo.
Un beso y espero vos también tengas un lindo día.
Claude: Ahi tocaste un tema espinoso, los violadores.
No tengo palabras para describir lo que haría con ellos. Se me vuelca un costado que tal vez no sea conveniente dar a conocer.
(es un placer verlo de nuevo por aquí, y sí, es cierto, me recibí tal vez sea el entusiasmo del momento... Licenciada, ¿qué le parece?).
Saludos.
Don Gato: No se si la pena de muerte vaya a solucionar el problema de la inseguridad. Las Leyes no son respetadas, no hay juicios ni sentencias serias, imagináte lo que seria si le agregamos Pena de muerte express.
Yo abogo por meterlos presos para siempre. Y además hacerlos producir (que versión capitalista la mía). Ninguna consideración de ningún tipo. A lo sumo estudiar ya que "no tuvieron la posibilidad" de hacerlo cuando estaban en libertad.
Igual considero que una amplia franja de los argentinos piensa que para ahorrar plata deberían "sacárselos de encima" y cobrarle la bala a los familiares.
Lo que sucede es que es demasiado fascista admitirlo.
Conozco demasiados que lo piensan pero es políticamente incorrecto hablarlo seriamente y las posturas públicamente luego se amenizan y se confunden entre las muchas otras opiniones.
No salga a matar amigo mío, al único que van a meter preso es a usted. Y ya no tiene 14 para quedar en libertad.
Gracias a usted.
Liberalto: Está vivo. Que gran noticia.
The Gorila: Usted es mala, sepalo.
O mejor dicho, tiene ideas importantes.
Saludos.
Bugman: Pegar la vuelta significaría perder el camino al ascenso político de muchos. No creo que suceda a corto plazo ni a mediano.
Si va a Rosario la semana entrante evite estacionar en algún Parque si quiere evitar un día de angustia a menos que no le importa pagarle $5 a un hombre que dice ser el cuida coches oficial de la Municipalidad. Ah y si lo recuerda tráigame de obsequio una foto del Paraná al atardecer. Lo extraño.
Al río, hombre!.
Aquiles: Además de creer erróneamente que instaurando polémica vamos a dejar de pensar que se rasca la panza, este señor Zaffaroni, es un cholulo que posa para todas las fotos, aún cuando no lo enfoquen.
La humedad de la noche me aterra, entre otras cosas.
Que tenga Ud. una muy buena tarde.
My Little, no soy de replicar, pero me parece que con...
"Yo abogo por meterlos presos para siempre. Y además hacerlos producir (que versión capitalista la mía). Ninguna consideración de ningún tipo. A lo sumo estudiar ya que "no tuvieron la posibilidad" de hacerlo cuando estaban en libertad."
Creo que lo unico que vamos a conseguir es que, de nuestra plata, estos hijunagranputa vivan de arriba, se vistan gratis y se alimenten. Producir? No, negativo... ellos no están para eso. Y si lo estuvieran, hay que ver que producirian y con que herramientas, dado que pueden convertir una cuchara en un elemento altamente peligroso, lo sabemos.
Y... estudiar? Si, eso hacen. Estudian abogacia y se sacan en libertad ellos mismos despues.
Es como recuerda el viejo dicho:
"Un abogado, en un rincon de la ciudad, perdido en una biblioteca, busca una forma irrefutable de presentar un caso, y la consigue. En la otra punta de la ciudad, otro abogado busca la forma de refutar lo presentado por el primero... y la consigue."
Que quiero decir con esto? Que para mantener a los asesinos y ladrones solo hace falta un elemento, barato y contundente: una bala. Y un sistema judicial que lo ordene, claro. Pero para eso nos falta mucho... demasiado como para que yo, un simple Gato, pierda mi pelo. . . Y que Ud., mi linda Butterfly, sus alas.
En fin, le dejo este saludo para que vaya teniendo.
Little B.
Quiero compartir con vos un artículo del Diario La Nación (http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1121062&pid=6293374&toi=6262) del que algo podemos sacar para este debate. Hoy lo leí y me conmovió profundamente, por eso lo transcribí en mi blog. Te aseguro que vale la pena leerlo.
EL PÁRROCO DE LA CALLE DE LA MUERTE
Días atrás, el Diario La Nación estuvo en la villa 21 con el Padre José Di Paola, uno de los sacerdotes que a comienzos de mes declararon que la droga estaba despenalizada "de hecho" en las villas. Ayer, el cardenal Bergoglio denunció que uno de esos curas fue amenazado de muerte. Esta nota cuenta la lucha de Di Paola para recuperar a chicos que han caído en el paco.
"Che, dale, déjense de joder -dijo el hombre-. Si ya les dimos la guita..." Estaba en el piso, rodeado de chicos de ojos turbios y revólveres negros, y se refería al pago del peaje que usualmente le cobraban para entrar en la villa 21. El hombre se llamaba Angel, tenía 66 años y era repartidor. Siempre pagaba para entrar a hacer su trabajo y ahora querían cobrarle también la salida. "Callate, viejo, porque te pego un tiro", le respondió uno de los chicos, y como vio que Angel quiso incorporarse para tratar de hacerlo entrar en razones, le disparó directamente a la cabeza. Fue un balazo seco. Angel quedó tendido en esta misma calle, Osvaldo Cruz, por la que camino ahora con el corazón en la garganta.
Cuando le di la dirección al remisero que me llevaba, se puso blanco. Me rogó que no lo obligara a entrar por esa calle de Barracas en esa ciudad de la pobreza donde viven más de 45.000 personas. Un policía que no tiene jurisdicción en la villa me hace la gauchada de acompañarme hasta la parroquia. Mientras caminamos por esa calle todos nos miran. El policía va contándome historias oscuras, muy oscuras. Hace muchos años que no tengo tanto miedo y siento una vergüenza íntima. Cuando era cronista policial, no tenía miedo a nada, pero eso pasó hace mucho tiempo, de una villa son gente trabajadora y noble: los hombres se ocupan como albañiles o vendedores ambulantes, y las mujeres, como empleadas domésticas. También sé que esa gente sufre más que nadie la inseguridad, y que la miseria envilece. Pero no puedo evitar pensar en ese 5% que integran los asaltantes, los traficantes y los adictos desesperados. Yo no cuento con más armas que mi libreta negra y mi mochila, donde llevo recortes de prensa: una reciente cacería humana durante la que asesinaron a cinco personas, ajustes de cuentas entre bandas rivales, homicidios solitarios por alguna bronca y revelaciones escalofriantes de un cura.
Todos le dicen padre Pepe, pero se llama José María Di Paola, tiene 46 años, oficia de coordinador del Equipo de Sacerdotes de Villas de Emergencia y es el párroco de la calle de la muerte. Hace unas semanas puso la cara en una conferencia de prensa, para explicarle al país que el problema no eran los habitantes de la villa, sino el narcotráfico y la inacción completa del Estado y la Justicia. Muchos niños y adolescentes portan armas y consumen droga sin que nadie persiga a los traficantes, y entonces hacen de la villa tierra propia, es decir, tierra de nadie. Los sacerdotes hablaban en defensa de los propios pobladores de sus comunidades, que ven con impotencia la llegada de la peor de las plagas: el paco.
Hace cuatro o cinco años la "pasta base", que antes era un mero desecho químico de la cocaína, se transformó en una mercancía de primer orden y se masificó en las zonas marginales. El paco cuesta muy barato y su consumo creció un 200% en la Argentina. A sus consumidores primero los pone eufóricos y luego fisurados; no tarda en volverlos adictos. Rápidamente, entran en una fase de alucinaciones, paranoias y agresiones salvajes. Se los conoce como los "muertos vivos". Son como vampiros de un elixir que se mezcla con viruta de metal y ceniza, que se arma con latas agujereadas y que conduce a la muerte cerebral en seis meses. La "latita" los vuelve erráticos y violentos, y la desesperación por conseguir dinero, en asesinos voraces. El paco rompió todos los códigos de convivencia. Hasta los códigos de los mismísimos "pibes chorros". En cualquier esquina de Buenos Aires puede verse a los "muertos vivos" vagar sin rumbo, o tirados en una vereda. A veces, un chico pacífico cambia de pronto de personalidad y comete un crimen sangriento por dos monedas. En ocasiones, los miembros de una bandita actúan como pirañas, atacan todos juntos a cualquiera, lo golpean y lo desvalijan en segundos en busca de recursos para seguir comprándoles a los vendedores de paco las dosis de esa misma tarde.
Me intriga cómo hace para vivir y luchar contra esta legión de problemas el párroco de la calle Osvaldo Cruz. Cuando entro en la sombra de un edificio humilde, con una iglesia y un patio techado y un aula donde varias mujeres hacen un taller de cerámica, me recibe un arcángel desgreñado. Es un hombre curtido de pocos dientes y de una dulzura inexplicable, un ayudante de Dios. "Tiene que esperarlo un rato", me aclara. Hago fila con damas taciturnas, y siento que lentamente me vuelve al alma al cuerpo. Imagino afuera a los "muertos vivos" esperándome, pero ahora siento que no se atreverán a pisar tierra santa. Es un pensamiento irracional, que de nuevo me avergüenza, pero no puedo evitarlo. Pasan algunos minutos y aparece un chico corpulento vestido con una remera y tocado por una gorra puesta al revés. Trae cara de pocos amigos, y aunque le cedo amablemente mi lugar no me lo agradece. Tiene la mirada dura. El padre Pepe sale de su despacho y le entrega una llave. "Lo estamos recuperando del paco -me explicará después a solas-. Está en plena lucha." Pepe parece más joven de lo que es. A una amiga que lo vio en las fotos de los diarios y en los noticieros televisivos, se le escapó un piropo: "Es muy fachero, parece un cura Calvin Klein". La impresión personal le quita glamour : Pepe usa una modesta camisa azul de cura con clergyman y unos jeans gastados, tiene pelo largo y barba, y habla sin ego ni énfasis.
Al entrar en su diminuta oficina veo un póster que dice "el hambre es un crimen" y la pared abarrotada de fotos. Entre todas descubro a la Madre Teresa y al padre Carlos Mugica, y unos versos anónimos que terminan con una advocación significativa: "Tu me enseñaste que el hombre es Dios, y un pobre Dios crucificado como tú. Y aquel que está a tu izquierda, en el Gólgota, el mal ladrón, también es un Dios".
El gladiador vive en una casita trasera y, cuando no hay tiros ni dramas, se duerme a la medianoche leyendo estudios sobre las adicciones. Se despierta a las seis y media de la mañana, se ceba unos mates y se queda cuarenta minutos rezando el breviario. Recién después comienza a caminar el día. Sus padres viven en Burzaco, pero Pepe fue a un secundario de Caballito. Era un muchacho de clase media subyugado por la tarea evangélica del capellán. Iba caminando a Luján, participaba de grupos cristianos, hacía tareas sociales y dudaba entre ser cura o abogado, entre el Evangelio y el Código Penal. Al final terminó en el seminario y se recibió en la Facultad de Teología de la UCA. Es un ochentista, parte de la generación de las Malvinas, y nunca vio como un asunto ideológico su "opción por los pobres". Admira tanto a Mugica y Angelelli como a Don Bosco y Bergoglio. Antes de llegar a la villa 21 pasó por Ciudad Oculta. Cuando le propusieron ocupar la parroquia de esa calle muchos le preguntaban si estaba castigado. Llegó en 1997, con la idea de armar trabajos de prevención de la droga y la violencia, y también para organizar a los más jóvenes. Y se encontró con un panorama amenazante y desolador. Había desconfianza, desintegración y violencia. Tuvo en esos primeros tiempos miedo físico y espiritual. Todas las noches se iba a dormir con la misma pregunta: "¿Qué más puedo hacer? ¿Qué más puedo hacer, por Dios?" No ha dejado de preguntarse lo mismo en estos doce años.
Necesitaba cohesionar y la mejor ocurrencia tuvo que ver con la Virgen de Caacupé. Cuenta la leyenda que en este pueblo del Paraguay había un nativo que era artista de la madera, y que un día se internó en la selva en busca de los mejores materiales y que se sintió rodeado por miembros de la peligrosa tribu de los mbayas. Fue entonces cuando el pobre hombre se arrodilló y le prometió a la Madre de Cristo que esculpiría su imagen si salvaba su vida. El escultor se hizo de pronto invisible por la gracia de Dios y cumplió su promesa al construir la Virgen más venerada del Paraguay.
La mayoría de los habitantes de la villa 21 eran y son paraguayos, y Pepe entendió que era decisivo traer a la Inmaculada a este lugar. El santuario es de 1765 y el párroco no paró hasta que logró enviar a una comisión a buscar una réplica. La llegada a Buenos Aires fue apoteótica. Se hizo una misa en la Catedral y luego una muchedumbre marchó con la Virgen de Caacupé en una larga procesión a pie desde el Centro hasta Barracas, parando en distintas parroquias hasta alcanzar al final su nuevo y definitivo hogar, esa pequeña iglesia de la calle Osvaldo Cruz donde el padre José Di Paola esperaba, con miles y miles de devotos de la villa 21, la entrada de la sagrada imagen. Fue un momento emocionante y decisivo. Esa imagen de la Virgen articuló la devoción y permitió crear la base del milagro.
Di Paola y tres camaradas sacerdotes comenzaron a llevar el catecismo a las casas, abrieron capillas, organizaron escuelas de deportes y una escuela de oficios. Formaron un grupo de cuatrocientos hombres que militan y trabajan en tareas comunitarias, y convirtieron a cientos de adolescentes en niños exploradores. Los llevaron a campamentos en la provincia de Buenos Aires y también los hicieron viajar a Tandil y a Bariloche. Jamás hubo en ninguna de esas excursiones la más mínima inconducta. El padre Pepe sabe que el noventa y cinco por ciento de los villeros son honrados y pacíficos. Pero sabe también que el noventa por ciento de los delincuentes provienen de las villas y que esa inmensa minoría estigmatiza las barriadas pobres y deforma la verdad. Decir que los pobladores de una villa son ladrones equivale a pensar que todos los habitantes de San Isidro son ricos. En San Isidro hay, además de medio pelo y clase media pauperizada, varias villas miseria. No se imagina Di Paola regresando a un barrio porteño, donde las relaciones son tan individualistas y donde todos practican el autismo y la indiferencia. En su comunidad hay tragedias inconmensurables, pero también solidaridad, calidez humana, un amor límpido y desbordante. Una cosa es darle un plato de comida a una persona que tiene hambre. Otra muy distinta, y mucho más valiosa, es darle la mitad de tu plato, la mitad de tu pan, la mitad del cuarto de tu vivienda, la mitad de lo poquísimo que tenés. "Dar -decía la santa de Calcuta-. Dar hasta que te duela."
Los policías, los jueces, los ministros. Todos brillan por su ausencia en la villa 21. La droga está despenalizada y el paco es un tsunami. Con el paco pierden todos, me dice. Se nota un toque de angustia en su cara serena. Es un hombre que ha llorado mucho y al que se le han secado las lágrimas. Se le confunden en la memoria las palizas, los robos, las violaciones, los tiroteos y las muertes que vio. No quiere hablar de eso. Pero la epidemia de los "muertos vivos" lo tiene anonadado. Nadie hace nada. Todos prometen fondos y ayuda, hablan en los diarios y en la televisión, pero sólo del gobierno vasco logró un pequeño subsidio. Y con ese dinero insuficiente inició un centro de recuperación de adicciones: una salita de día, una granjita y una casa de medio camino, desde donde intentan que los recuperados se inserten de nuevo en la sociedad y no vuelvan a caer. Todo con ayuda de voluntarios, mangueando remedios y a veces haciendo el milagro de la multiplicación de los medicamentos. Puré de clonazepan para chicos alterados que quieren dejar de ser zombis.
Tiene en estos momentos ocho chicos camino de reconvertirse a sí mismos en personas. Ocho. Allá afuera hay dos mil "muertos vivos". Nacen y mueren varios de ellos todos los días. No puedo dejar de pensar que es un marinero en un bote perforado sacando agua con una cucharita.
Me muestra una foto de Pablo, un pibe violento que había sido esclavo del paco y al que, con muchísimo esfuerzo, Pepe fue rescatando del infierno. Pablo posa junto a un Jesús crucificado. Posa con orgullo. Di Paola le dijo que a él lo mandaban a un retiro espiritual quince días a Córdoba y le pidió que en esas dos semanas no saliera de su casa. "No salgas, Pablo, aguantame que vuelvo -le dijo-. No corras riesgos. No salgas." Pero al cuarto día Pablo se sintió fuerte y confiado, y salió a caminar por la villa. Y sus antiguos enemigos lo acribillaron a balazos en la calle.
Cuando el padre Pepe regresó a su casa en la 21 y se enteró del asesinato, se dobló de dolor y le flaqueó seriamente la fe. No la fe en Dios. Sino la fe en sus propias fuerzas, en la tarea de achicar el agua con una cucharita en medio de un maremoto. Pero, luego, el gladiador se levantó de ese desasosiego, se abrochó el clergyman y siguió adelante. Sembrar, sembrar, sembrar, se dice. Caerse y levantarse. Pero está muy solo. Unicamente lo acompañan sus feligreses, que lo adoran, los otros curitas y su obispo. El cardenal Bergoglio lo visita seguido. Viene en colectivo hasta la villa y confraterniza con los hombres y mujeres de la capilla de la Virgen de Caacupé. Una tarde, el hombre que hace cuatro años pudo haber sido papa estaba charlando con un grupo grande de albañiles, Uno de ellos se paró y dijo que hacía un tiempo le había ocurrido algo singular. Salía de una obra en un edificio en construcción de un barrio porteño y, al subir con sus compañeros al colectivo, mientras hablaban en guaraní y hacían bromas, el albañil divisó sentado en el fondo a Bergoglio. Les avisó a sus compañeros que era el mismísimo jefe de la Iglesia Católica argentina, pero no le creyeron. El albañil no pudo entonces con su genio, se acercó a Bergoglio, le preguntó si era quien era y le pidió la bendición. "Cuando bajé del colectivo, padre -declaró el albañil ante el silencio de todos-, les dije a mis compañeros: «Qué bueno tener un obispo que vive como nosotros»." A Bergoglio, que es un estoico, se le llenaron los ojos de lágrimas y lo quebró por un instante el llanto.
Una vez mataron a tiros a un vecino a la salida de una misa, en esa misma calle por la que entré caminando y por la que Di Paola anda como si fuera una celebridad, acaso el verdadero padre de todos, el jefe de la gran familia. Un padre joven y fachero, que jamás se jacta de nada ni levanta la voz, y que logró la unión en la fe de una zona populosa donde la cultura tumbera es minoritaria. Se escuchan mucho más polca, chamamé y canciones populares paraguayas que cumbia villera. Aquí están las víctimas. Los traficantes de droga y los mercaderes de armas tienen muchos billetes y viven fuera de estas barriadas. Di Paola visita enfermos, atiende problemas, da la extremaunción, reparte consejos y, por las noches, cuando tocan a su puerta, se pone su coraza de tela azul y acude corriendo a la escena del crimen. Vecinos asesinados. Adolescentes heridos de arma blanca. Niños lastimados. Venganzas. Dramas con gritos y sangre. Acusaciones y lamentos. El padre Pepe llega casi siempre primero: la ambulancia del SAME tarda mucho más, porque no entra en la villa sin la custodia de un patrullero de la Policía Federal. Y el patrullero viene cuando puede.
Al caer la noche todo se vuelve más siniestro. La oscuridad, en la tradición cristiana, está vinculada al mal. Y las tinieblas en la villa 21 son letales. Pepe me está diciendo todo esto mientras vemos, por la ventana, que el último sol se apaga. Pienso en los vampiros del paco, que me aguardan afuera. Di Paola me lee el pensamiento. "¿Cómo viniste hasta acá?", quiere saber. Le explico que el remise partió y le digo, haciéndome el valiente, que no se agite: voy a irme caminando. Son cuatro cuadras hasta Vélez Sarsfield, y ahí tomo un colectivo. "No, no -me dice-. La salida es más difícil que la entrada." Pienso en el repartidor de garrafas que mataron hace cuatro semanas de un balazo seco en esta misma calle de la muerte.
Salimos del despacho y Di Paola llama al arcángel desgreñado, que viene desde el fondo. "Llevalo hasta la avenida", le ordena. El ayudante de Dios asiente y Di Paola y yo nos damos un abrazo. Le digo la verdad. Le digo que fue un honor conocerlo. No sé cómo me va a llevar el arcángel y presiento que quiere que me suba a una bicicleta, porque agarra una y me llama desde el umbral. Vamos, me anima. Salimos a Osvaldo Cruz, y el hombre se me pone al lado, yo junto a la pared y él caminando con la bicicleta entre los dos. El arcángel, como una muralla o un salvoconducto ante las decenas de ojos que nos siguen con la mirada silenciosa del atardecer. Hay mucha más gente que antes y ya no queda un miserable rayito de sol. En una pared hay un dibujo colorido y una oración del Gauchito Gil. Salimos de la barriada y andamos despacio por ese corredor de asfalto que es más oscuro que la villa misma. El arcángel me va contando dos cosas: la santidad del curita y la maldición del paco. Al llegar a Vélez Sarsfield veo que mi fiel remisero me hace señas desesperadas desde la otra orilla. También veo que sigue pálido como un muerto. Gracias, amigazo, le digo al arcángel, y al darle la mano siento los callos y asperezas del trabajador incansable. Ese buen hombre común, ese ayudante de Dios, es como el promedio de todos aquellos siervos de la Virgen de Caacupé.
Cruzo la avenida y el remisero me dice que estaba asustado porque yo no salía y que no sabía si entrar o llamar al diario o avisar a la comisaría 32. Lo tranquilizo un poco. Este también es un buen tipo. Me subo a su auto y arrancamos. Y a medida que nos vamos metiendo en el centro de la ciudad tengo la impresión de que no puedo volver a ser yo mismo. Me pongo el reloj y prendo el teléfono, que había escondido durante todo este tiempo para no convertirme directamente en un blanco móvil, y las calles conocidas me devuelven una falsa sensación de seguridad. Pero lo real y lo imaginado durante aquel viaje al corazón de la plaga y el dolor no me abandonan. Me persiguen un larguísimo tiempo. Nos detenemos en una esquina céntrica y yo no puedo dejar de ver a esos tres chicos: no tendrán más de nueve años. Dos de ellos están fisurados, arrojados en una vereda. El otro camina unos metros con una cierta electricidad descoyuntada, errante en la sombra. Muertos vivos cruzando la noche, pienso, y miro el reloj. A esta hora el párroco de la calle de la muerte debe de estar caminando los pasillos de su laberinto. Qué cura testarudo. No sabe rendirse.
Entrevista hecha por José Fernández Díaz para Diario La Nación.
Bueno, siempre se le suele echar la culpa de la violencia a todo, menos a lo que de verdad la tiene. Si un estudiante irrumpe en una clase con una ametralladora y la emprende a tiros con todo el mundo, le echan la culpa al hecho de que el individuo en cuestión ha visto la película de Rambo..., sin pararse a pensar que, esa misma película, la han visto otros 50 millones de personas, entre los que me incluyo, y no por ello ha habido 50 millones de personas armados con ametralladoras...
Creo que la violencia, sea cual sea su naturaleza, nace del propio individuo y las experiencias sufridas a lo largo de su vida, y no por lo que ve o lee, que es lo mismo que leen o ven muchas otras personas.
Probablemente, esos comportamientos violentos, tengan mucho que ver con un fallo educacional, en el que incluyo a todas las instituciones, empezando por la propia familia y terminando por la propia calle, que por desgracia, es más influyente en los jóvenes, que la propia familia, la cual, por comodidad o vaya ustéd a saber porqué, no presta a sus hijos la atención necesaria para su buena educación.
Es más cómodo y fácil echarle la culpa a los medios de comunicación, que hacer autocrítica y reconocer el error educacional para con nuestros jóvenes.
Un saludo
Elvis, concuerdo con vos en casi todo. Y digo "casi", porque en realidad el error educacional en realidad NO está en la educacion como tal (escuela, maestrs, etc),sino en la casa.
Son los propios padres de estas basuras asesinas menores de edad quienes no les han prestado atencion a sus hijos y ahora se desgarran las vestiduras frente a camaras de TV o periodistas. Me enferman. Y mal.
Porque? Pues, yo tambien vi Rambo (la 1, la 2 la 3 la...) y no sali como vos decis a matar gente con una ametralladora, porque tuve una buena educacion en mi casa, donde aprendi los valores propios de la vida. . . y no sali a falopearme ni a robar. Es decir, en la escuela aprendi a leer, escribir, valores humanos, etc. Pero en MI CASA, aprendi lo principal: a VIVIR y compartir. Me prestaron atencion.
Esto no pasa con la pendejada en este momento. Para muchos padres es mas facil llegar del laburo (si tienen) y tomarse un vino y acostarse a dormir... o a ... bueno, no importa. Pero no le dan importancia a los hijos.
Y eso, es una realidad.
Saludos.
Señor Don Gato, creo que estamos totalmente de acuerdo, ya que tal y como dejé escrito, cito textualmente: "Probablemente, esos comportamientos violentos, tengan mucho que ver con un fallo educacional, en el que incluyo a todas las instituciones, empezando por la propia familia y terminando por la propia calle, que por desgracia, es más influyente en los jóvenes, que la propia familia, la cual, por comodidad o vaya ustéd a saber porqué, no presta a sus hijos la atención necesaria para su buena educación."
Estoy completamente de acuerdo en que la base de la educación, es la familia propia, y que a la escuela, uno va, sencillamente, a adquirir conocimientos, en mayor o menor medida, pero como bien dice usted, los maestros, ni pueden, ni deben educar a tantos alumnos como tienen a su cargo.
La pena, es que los desequilibrados siempre hacen el mal. Nunca aparece un desequilibrado repartiendo dinero...
En fin, un saludo Don Gato.
muy bueno!
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Gracias Don Gato y Elvis por el intercambio.
Don Gato yo creo que para evitar el "mantenerlos" hay que hacer que muevan sus piecitos y manitas.
¿Qué aconsejaría sino?, que estén desocupados todo el día maquinando desde su habitación 2x2 no me parece positivo, ni seguro.
Saludos!.
La 99: Gracias. Con gusto. Saludos
amor y Libertad: A qué libro hace UD referencia?, a la Biblia? Si es ésta, recuerdo que también dice:
NO MATARAS,
NO ROBARAS....
Tarde, pero seguro.
Estábamos leyendo el post con mi hija y casi nos desternillamos de risa, o se nos saltaron los tapones, o se nos chifló el moño.
Por mas que quiera llamar la atención o ser mediático un Señor juez no debería hacer esas declaraciones.
Es como si estuviera guiñando un ojo mientras engulle una botella de whisky y se fuma una pipa de pasta base.
No es serio, señor juez.
Besos.
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